Para leer su poema
o el poema de un
autor de su  gusto,
primero vaya a la
página de "Poesía
General" , después
use la clave control
F, escriba su
nombre y toque
entre... Estos pasos
lo llevarán a su
nombre y a su
poema. El mismo
proceso aplica  a
esta página y a las
demás páginas
donde haya textos
en prosa, poesía,
pintura...
carta_lirica@yahoo.com

fenriquez@bellsouth.net
Foto de Jesús Orta  Ruiz,  "Naborí", tomada
en La Habana a mediados del año 2005
LO CREÍAMOS ETERNO

Lo creíamos eterno, y al fin resultó humano. Murió el Indio
Naborí. Lo veíamos en todas partes, a pesar de su ceguera y
de su delicada salud, pero siempre igual, respondiendo con
la sonrisa a cada saludo, con la palabra agradecida para
todos, con un semblante sereno que sólo el sosiego interior
concede. Sabíamos que estaba, que seguía escribiendo, que
podíamos acudir a él, que en su casa de El Vedado recibía a
cuantos a ella se acercaban. Nos habíamos acostumbrado a
la figura venerable de un Jesús Orta Ruiz en ancianidad
prolongada e inmutable, y lo creíamos eterno.
«Como un alfiler de frío». Así le llegó al Indio Naborí la
muerte en una fría madrugada del penúltimo día del año
2005. Sin avisar, a hurtadillas y de sopetón. No le había
bastado a ese terrible año con las catástrofes colectivas
hechas en el mundo entero. Tuvo que llevarse también, a
última hora y de madrugada, a un hombre que valía por toda
una humanidad. No fueron suficientes para un año solo los
cientos de miles de víctimas que el tsunami de Indonesia se
llevó, las terribles desgracias que el terremoto de Afganistán
causó, los desastres cuantiosos de los ciclones de
Centroamérica, del Caribe y del sur de los Estados Unidos, y
hasta de la tormenta tropical de Canarias, que esperó hasta
el último momento para llevarse también al Indio Naborí, el
poeta de la bondad, un alma blanca con palabra blanca, para
hacer de su cifra, 2005, un año maldito, recordable por lo
malo.
Quiso Jesús Orta Ruiz para sí un seudónimo, Indio Naborí,
que representaba la humildad de su persona, recordando
con ello a la clase de indígenas dedicados al trabajo entre la
población prehispánica de Cuba, frente a los caciques, y así
se le conoce en el mundo entero, por encima de su nombre
de pila Jesús Orta Ruiz, Premio Nacional de Literatura de
Cuba, candidato y finalista en varios ocasiones al Premio
Príncipe de Asturias de las Letras, poeta maravilloso,
investigador de la décima y él mismo decimista principal, el
mejor «repentista» (poeta improvisador) que ha dado el siglo
XX en Cuba y en toda Iberoamérica. Sabio de profundidades,
humilde y generoso, pronto para el elogio y negado para el
reproche. Siendo un autor consagrado, siempre tuvo la
palabra de ánimo para quien empezaba, la sonrisa del
optimismo. Como quien tiene dentro un sosiego infinito,
hablaba con calma, sacando de una memoria prodigiosa los
datos y los versos que ya sus ojos no podían leer; y los
exponía con tal orden poético que hacía historia literaria y
transparente de cualquier acontecimiento.
El Indio Naborí era un grandísimo poeta, sin más adjetivo que
ponerle, pero con una condición que pocos tienen, la de
poder expresarse en la lírica más exquisita e innovadora o
en los modos populares más tradicionales.
También Canarias se siente afectada por su muerte, pues era
descendiente de canarios emigrados a Cuba, de la isla de
Tenerife y del Valle de la Orotava. Aquí en Canarias estuvo
en una ocasión memorable, para impartir la conferencia
inaugural del VI Encuentro-Festival Iberoamericano de la
Décima y el Verso Improvisado, en 1998. Y aquí en Canarias
se han publicado dos libros suyos, La medida de un suspiro
(El Museo Canario, 1999) y Décimas para la historia (Centro
de la Cultura Popular Canaria, 1997), un libro éste que
contiene las décimas improvisadas de una ya legendaria
controversia entre él y Ángel Valiente y que se la empieza a
conocer en el mundo entero, justamente por este libro
publicado en Canarias, como «la controversia del siglo en
verso improvisado». Yo tengo a esas décimas por un
documento imprescindible de la historia todavía inédita
-pero que habrá de escribirse- de la poesía improvisada en
cualquier lengua y de cualquier época. ¡Qué maravilla! ¡Con
cuánta naturalidad van metiéndose en los versos de esas
décimas las verdades más hondas, los pensamientos más
sublimes, las palabras más bellas: la poesía! En esas décimas
improvisadas están Jorge Manrique, y Quevedo, y Calderón,
y Santa Teresa, y Martí. Pero todo unido, quintaesenciado, y
pasado por la humanidad del Indio Naborí, dicho con tanta
sencillez y con ritmo tan natural como tienen siempre las
cosas grandes y esenciales. Si de las Coplas de Jorge
Manrique dijo Cervantes que merecerían estar escritas en
letras de oro, de las décimas de «la controversia del siglo»
digo yo que deberían estar en la mente de todos los
hombres, pues son poesía benéfica. Para mí el Indio Naborí
ha sido una persona esencial, uno de esos individuos que
entran en tu vida y te marcan para siempre. Lo conocí
personalmente en 1995. Diez años pues tan solo de relación,
pero que me han valido por una vida entera. Hablar del Indio
Naborí era siempre para mí la oportunidad de una
satisfacción íntima; con su nombre me engrandecía y de su
amistad me sentía orgulloso. El conocimiento que tuve de su
persona y de su obra obraron siempre a mi favor y para mi
bien. A la admiración que tengo por su obra, se une o se
sobrepone el afecto hondo que le tuve como persona. Lo
tuve no sé si como hermano o como padre, o quizás como
una curiosa mixtura de ambas categorías. Era algo especial
que las palabras existentes no saben precisar bien. En el
último correo que recibí de él, tres días tan sólo antes de su
muerte, a mi anterior felicitación navideña y a la noticia que
le daba de que iba yo a ser abuelo, me contestaba que ese
nieto mío lo iba a ser también suyo.
Lo abracé por última vez al despedirme de su casa de El
Vedado, a principios del julio pasado, con el convencimiento
de que allí lo encontraría en cuantas ocasiones volviera a La
Habana. Aquella casa y su familia eran también mi casa y mi
familia cubanas. Nunca he conocido una familia tal como la
del Indio Naborí. En aquella casa no se respira sino sosiego,
respeto, armonía y amor. Allí se cumple lo que tantas veces
se ha dicho de que al lado de un gran hombre hay siempre
una gran mujer: Eloína, ejemplo de delicadeza, de mesura y
de bondad, y de dedicación abnegada a su poeta. A ella
dedicó Naborí uno de sus últimos y más hermosos libros,
Con tus ojos míos, cuando, falto de vista, Eloína se convirtió
en sus propios ojos.
A él que tanto cantó a la muerte, doloridamente, pero sin
desgarro, incluso en la muerte de su propio hijo niño (La
fuga de un ángel, el poema en décimas más hermoso escrito
nunca), también le ha llegado la hora, a pesar de que lo
creíamos eterno. Él lo había dicho en verso: no sentía tanto a
la muerte como quedar en este mundo sin memoria. La suya,
la memoria del Indio Naborí ha ganado ya el futuro. Su
nombre quedará perenne en muchas de las páginas de la
mejor poesía escrita en español. Mientras vivamos quienes
lo conocimos seguiremos repitiendo su nombre, bien el
seudónimo bien el de pila, con admiración, con respeto y con
inmenso cariño. Y una vez concluidas también nuestras
voces, el nombre del Indio Naborí seguirá resonando en la
leyenda, como un Homero intemporal, hecho mito, pues en
su persona y en su obra se conjugaron los dos tipos
humanos y literarios más perdurables de la literatura popular
en lengua española desde la Edad Media: el juglar y el
trovador, de suerte que el nombre del Indio Naborí es hoy el
representante más genuino de la poesía oral del mundo
hispánico.

Maximiano Trapero
Catedrático de Filología Española
Universidad de Las Palmas de Gran Canaria
Islas Canarias
POETAS Y ESCRITORES
INCLUIDOS

Brígido Redondo
Rodrigo Pesantez Rodas
Gonzalo Espinel Cedeño
Octavio R. Costa
Maximiano Trapero
Pedro Péglez González
Francisco Henríquez
María de la Luz Maurel  Wilson
Waldo González
Marta Padilla
Esther Trujillo García
Eliana Godoy Godoy
Irene Mayoral
Pedro Mardones Barrientos
Carlos Benítez Villodres
Isabel Diez Serranos
Marcelino Arellano Alabarces
Olga Charles
Virgilio López Lemus
Michael Miranda
Ronel González
Adalberto Hechavarría Alonso
Michael Miranda
Diego Chávez Aguado
Carilda Oliver Labra,
Hilda Norma Vale
Hortensia Munilla Tauler
Margarita García Zenteno
Rubinstein Moreira
María Rosa Carrasco Peña
Jesús Sama Pacheco
Eva Falótico Gandolfi
A. Francia
Carmen Hernándes Peña
Renael González Batista
Mariana Pérez Pérez
Eliana Onetti
Jesús Álvarez Pedraza
Maylén Domíguez
César Rodríguez Hueso
Ángel Montes de Oca Febles
Pedro A. Pérez González
Leonora Acuña de Marmolejo
Juan Ruiz de Torres
Nieves Henríquez Pérez
Carmen Ramos Beiza
Hilda Norma Vale
Raúl García-Huerta
Guadalupe Trullén
Elléale Gerardi
José Gerardo Vargas Vega
Efraín Barbosa
CANTO A JESÚS ORTA RUIZ "NABORÍ"

(1922-2005)

Por Francisco Henríquez


CANTO A JESÚS ORTA RUIZ "NABORÍ"
DIgual que El Cucalambé
vivió junto a su Rufina,
Naborí tuvo a Eloína
––fuente de infinita fe––
Por toda su vida fue
regando su culto verso,
y es un luminoso anverso
la inefable llamarada
que ilumina la portada
del libro del universo.

Diciembre treinta no marca
una sombra para el luto
porque tenemos el fruto
de su voz que nos abarca.
Estamos ante un monarca
de imágenes luminosas,
donde crecieron las rosas
bellas del punto cubano
y echó a volar el llano
sus líricas mariposas.

La imborrable trayectoria
de este genio del estilo
nos da la aguja y el hilo
para zurcir la memoria.
Porque para darle gloria
de conciencia nacional,
la estrofa del arrabal
pulió de nuevos detalles,
y la paseó por las calles
del concierto universal.

Francisco Henríquez
                           
Una mañana del mil
novecientos veintidós
vino a la tierra de Dios
este trovador gentil.
Creció en el bello pensil
del lirismo de La Habana,
y desde aquella mañana
que en el empíreo destella
tuvo más fulgor la estrella
de la décima cubana.

De la mano de su lira
la décima fue canción,
que se fue del barracón
sin dejar de ser guajira.
Ya ningún vate la mira
como silvestre despojo,
y con su mejor arrojo
visita el gentil palacio
bajo velos de topacio
y con su pañuelo rojo.

Como quien ama una hurí,
quiso con su fértil estro,
a ese octosílabo nuestro
––mezcla de sol y rubí––.
Y se volvió Naborí
del caribeño solar;
se extasió con ese mar
indio, llamado Caribe,
y fue dueño del aljibe,
del arroyo y del palmar

HONOR A NABORI

Por Pedro Péglez González
Trabajadores Digital 3 de enero de 2006

Hasta siempre, padre nuestro que estás en la décima. Que
estás en toda la poesía empinada en el pendón del
alzamiento humano.
Que estás en la Historia, en nuestra arcilla humildísima en
que te moldeaste moldeándonos, para ser, sin
proponértelo, un robusto cemí multiplicador y generoso.
Que estás en el fiel, en el difícil fiel entre la sinfonía y la
abeja, porque has sido y serás, precisamente, la sinfonía
de la abeja.
Hemos sido testigos, tanto de tu sitial entre los sabios,
como de la comadrita adonde se te cercaban venerándote
la sabiduría del herrero, del obrero azucarero, del maestro,
de la pródiga mujer de cada día, y hasta la sabiduría honda
y pequeña de los que saben querer.
No hace falta decir que te seguimos, porque vas con
nosotros, acercándonos siempre a esa inmensurable
grandeza tuya del hombre cotidiano, la única
verdaderamente conocedora de la estrella que late en la
bandera.

Glosa Libre (Casi antigua)
Por el hombre común

A Jesús Orta Ruiz

El hombre sabe una estrella
para todos los caminos.
El hombre sabe los trinos
que anuncian la única huella.
Contra el reloj se querella
su espejo, pero la noria
no da tregua a su victoria
sobre el mármol que le piden.
No le apena que lo olviden
sino quedar sin memoria.

Epopeya promisoria
la del hombre ante el talud
sobre el que sembró un laúd
con un retoño de gloria.
Bajo la luna amatoria
de lorquiano devenir
el hombre se dio en abrir
cielo y ala a la paloma
y tras ella en cada loma
volvió El Cornito a latir.

El hombre sabe un vivir
de eterna voz de arboleda.
Presiente que se le queda
un no sé qué por decir.
Se levanta a redimir
de entre la tierra su cielo.
Le enjuga el azul pañuelo
la tiranía del cuándo
y reamanece cavando
día y noche el duro suelo.

**********************************
AL POETA JESÚS ORTA RUIZ,
EL INDIO NABORÍ. IN MEMORIAM

Con tu palabra atrayente,
sangre de pasos y huellas,
viajaste creando estrellas
al brioso son de tu fuente.
Eres cielo, tierra, puente,
pureza de sentimientos,
luz para los pensamientos
del hombre que amor cultiva
para que su hermano viva
lejos de los sufrimientos

Indio Naborí, ¡poeta!,
hasta en mis tierras hispanas
late tu alma y sus campanas
con fragancias de violeta.
Como una veloz saeta,
en brazos de la alborada,
volaré a mi Cuba amada
para leerte el poema
que es tu identidad, tu emblema:
la paz por todos ansiada.

Carlos Benítez Villodres
Málaga (España), Enero 2006

A JESÚS ORTA RUIZ

(Naborí, 1922-2005)

Treinta de Diciembre. Partes
en vuelo, casi preciso,
a habitar el paraíso
de otro sitio de las Artes.
Nunca te alejas. Repartes
tranquilidad y respeto,
y a tu recuerdo sujeto
en la parnasiana zona,
tu décima y tu persona
serán siempre un  amuleto

De alborozado soñar,
la décima que nos diste,
fue la flor con que naciste
junto al río y el palmar.
Muchas veces fue tu hogar
escenario de los sueños,
donde poetas pequeños
subieron por tus rodillas,
para obtener maravillas
alumbradas por tus leños.

Allí, con la luz profunda
de tu voz suave, amorosa,
junto a Eloína tu esposa
cuyo cariño te inunda
esta viva la rotunda.
paz, de la que fuiste esencia,
y está viva tu presencia,
tu paso y tu corazón,
en esa improvisación
que nos queda como herencia
.

Esther Trujillo García, Cuba

PARA ELOÍNA PÉREZ        

Soneto por el hallazgo de la vida eterna
del poeta Jesús Orta Ruiz

Eloína, tu corazón seguro
abrió sobre la sombra el ala plena
y cobijó al poeta. Toda llena
eres de gracia y luz ante lo oscuro.

No sólo tienes doble la mirada,
sino también el corazón, tan puro
que ha resistido el golpe cruento, duro,
sabiéndote la dulce y bien amada.

Parece que la vida es un apuro
por llegar a algún sitio, a la morada
del Silencio, el Olvido o de la Nada.

Pareciera que tu mano serena
toca el curso de Jesús, y la pena
se convierte en la luz de la alborada.

virgilio lópez lemus
30 de enero de 2006
A la memoria del Indio Naborí


JESÚS ORTA RUIZ

NABORÍ

La muerte vino callada
por la huella del poeta.

Como libélula inquieta
en su vuelo hacia la nada.

La muerte dejó sellada
la escritura sensitiva.

En la página cautiva
toda su delicadeza.

A pesar de la tristeza
la palabra sigue viva.

Adalberto Hechavarría Alonso, Cuba


CANTARES EN LA NEBLINA

(A Jesús Orta Ruiz, Naborí)

Jesús, en qué catedral
del museo de tus ojos
ocultaron los cerrojos
y la llave de cristal.
Jesús, en qué vendaval
desparramas la fortuna
que ayer dormitó en mi cuna
sobre los sueños gigantes
cuando miraba elefantes
poéticos en la luna.

II
Jesús, de ti me quedaron
destellos y caracoles
con estos diez girasoles
entre silencios que hablaron.
Jesús del tiempo, regaron
tus voces el ala fina,
la memoria que germina
y engrandece a la palabra,
con su racimo que labra
cantares en la neblina.

III
Jesús, sobre un verso loco
relampaguea la mano
que te busca en el verano
de la nostalgia que toco.
Jesús, de noche convoco
la tormenta diferente:
––rosas de espuma, simiente
que te haga un nido de luz––
para escribir en la cruz
tus rimas al sol naciente.

Jesús Álvarez Pedraza


A Jesús Orta Ruiz (Naborí)

Indescriptible en La Nada
porque un todo muerto pierde
sus relieves. No recuerde
a Jesús por su mirada.
Se murió junto a su amada
el amigo. Aciago invierno
que enmudece el verso tierno
de la décima cubana.
Por él, dobla una campana
con su repicar eterno.

De luto se viste el cielo,
pero con su trayectoria
Naborí dejó en la historia
sus huellas claras. El suelo
feliz las guarda. No hay vuelo
que recorra el esplendor
de su lirismo. Calor
disperso en cada espinela.
––Fue el maestro, y es la escuela
del bardo improvisador––.

Pedro A. Pérez González  “El Jibarito”
Holguín, Cuba. Dic. 30, 2005.



********************************************************************
OTROS ADIOSES










RECORDANDO  A MARTA PADILLA

(1928-2004)

Para nombrarte no me duele el hombro
ni creas que ya es tarde para hacerlo,
que el amor si hay amor para crecerlo
no teme ni al olvido ni al  escombro.

Con fuego de tu voz y de mi asombro
riego tu nombre de fulgor, y al verlo
florecer como un lirio he de tenerlo
con la miel de la copa que te nombro.

Por tu verso ––vibrante melodía––
nos llegaba la esencia que fluía
como río sonoro. Yo te hermano

con la rosa, a la risa y al rocío
y soy náufrago nuevo en ese río
de ternura que corre por tu mano.

Francisco Henríquez
Enero, 2006

















A OCTAVIO R.  COSTA

(cubano, 1915-2005)

Para  un noble quehacer predestinado
--poeta,  periodista y pensador–
cumplía con paciencia esa labor
que fuera su más bello apostolado.

De su estilo fecundo y acendrado
queda el arte cubierto de fulgor
y en su frente los lauros del honor
su mundo de saber han constelado.

La tinta de su pluma se  derrama
sobre el folio sin fin del panorama
donde fue su palabra viva hoguera.

Porque la pluma colosal de Costa
nunca detuvo en la disputa angosta
la firme espada de su gran trinchera.

Francisco Henríquez
Diciembre, 20, 2005
XII CERTAMEN DE CARTA LÍRICA, 2007
(POESÍA)

Los concursantes deberán enviar uno o más poemas con un
máximo de 60 versos,  tema y métrica libres,   rimados o no
rimados. Lo que se persigue es la calidad poética de los mismos.  
Quien haya ganado el primer premio en el 2006,  no podrá
concursar en los dos años  siguientes.
Deben usar el sistema secreto de "Plica", e identificar poemas y
plica con un lema o seudónimo. Cada concursante no puede
enviar más de un trabajo. Los trabajos  que no obtengan premios
serán destruidos después de la premiación.
Deben enviar tres (3) copias de los trabajos a:

Francisco Henríquez Director
Carta Lírica
130 N. W. 189 St
Miami, FL. 33169. USA

Podrán  participar todos los poetas del mundo hispano, sin
distinciones ideológicas.
Habrá tres premios, tres menciones y tres finalistas
Primer premio:  $50.00 dólares, diploma y libros.
Segundo premio: Diploma y libros
Tercer premio: Diploma.
El concurso queda abierto desde mayo primero, 2007,  hasta el 30
de septiembre de 2007. Los ganadores serán informados hacia
fines de 2007.
El Jurado estará integrado por tres destacados poetas de la
lengua castellana.
HOMENAJE Y RECUERDO A JESÚS ORTA RUIZ,
"Naborí", (1922-2005
)
El mundo está  de luto ante la muerte
del Dr. Odón Betanzos Palacios,  el día
24 de septiembre de 2007, a la edad de
82 años
´Odón Betanzos Palacios fue fudador y
Director de la Academia
Norteamericana de  Lengua Española.
Consignamos la triste noticia  con
hondo pesar.